domingo, 25 de octubre de 2015

A pesar de los problemas.

Si hay una forma de enfrentar lo que nos pasa, es enfrentando lo que nos pasa, ¿Por qué fingimos que todo está bien? Cuando en realidad nos estamos muriendo por dentro, ¿Qué se gana con eso? Solo seguir sufriendo. Muchas veces lo hacemos para intentar salvarnos del abismo en el que nos encontramos, de hacer ver a los demás que todo marcha perfecto para no tener que dar explicaciones. ¿De qué sirve? Nos lastimamos, nos hacemos heridas que quizás jamás vuelvan a sanar, provocamos angustia alrededor nuestro, y nos vamos destruyendo cada vez más. Todo eso que guardamos termina pudriéndose dentro.
Pero a pesar de todos y cada uno de los problemas que podamos tener, siempre hay alguien a tu lado dándote confianza; brindándote ayuda y escucha, apoyándote en cada decisión, aconsejándote y aun mas ofreciéndote un lugar donde puedas descansar tranquilo y sentirte en paz: el hombro de tu mejor amigo o amiga, el beso ruidoso de un abuelo o abuela, el abrazo cálido de una madre o un padre… simples cosas que no tienen un simple significado, están repletas de un valor inexplicable, no tienen precio alguno.
Los buenos momentos, a veces suelen ser contados con los dedos de una sola mano.  Los buenos momentos de verdad buenos, donde no se vaya la sonrisa del rostro aunque haya algo que va mal, o las cosas no hayan salido como lo esperabas…hay que atesorarlos eternamente, porque en muchas oportunidades serán ellos quienes te ayudaran a decidir qué hacer contigo y con tus decisiones. Y todos esos momentos que estarán construidos por personas, lugares, aromas, colores y detalles inolvidables, son los que te guiaran de camino a casa.


Lo único que te salvara cuando estés a punto de ahogarte, será la esperanza de seguir viviendo. 

Aprovecha.

Busca siempre el modo de vivir la vida mostrando tu belleza interior, recorre el mundo con la frente en alto y que todos vean tu grandeza. Ten fe y confianza en ti mismo, créete el mejor, no olvides el poder que tienes de hacer tuyo todo, de poner el universo a tus pies si lo deseas.
Sonríele al presente y prepárate para el mañana, recuerda tu pasado para no olvidar quién eres y de dónde eres. No te dejes vencer y lucha por tu final feliz. Juega, disfruta cada paso que des, apuéstale a todo así ganes o pierdas. Atesora cada momento en el más preciado cofre, tu corazón, no los olvides nunca. Sonríele al mundo y grita tus triunfos a los cuatro vientos; sonríele al amor y siente el placer de amar y ser amado. Sonríete a ti, porque luchas día a día por tus objetivos, metas, por tu camino y porque eres tú.
Ganarse la vida es fácil, construirla es lo difícil; no puedes hacerlo todo junto, es día a día y cada vez. Recuerda que tienes la suerte de encantar a quién sea, que eres único. Todos somos únicos. La fuerza mayor de cada uno, está en aquello que ama, ponte fuerte por ello y no te rindas.
Tienes todas las posibilidades de hacer de ti y de tu vida, lo máximo…aprovéchalas.


Tal vez no hagas milagros y no te conviertas en santo, tal vez no tengas alas y no seas un ángel, pero eres humano y puedes convertirte en héroe. Marca la diferencia en cuerpo, alma y acción. No te vayas de este mundo sin haber dejado una huella, porque entonces, habrás vivido en vano.

Renunciar.

A veces es necesario ser un poco egoísta, no pensar demasiado en los demás y concentrarse más en uno mismo para estar bien, olvidar que quieren los ajenos y preocuparse por lo que uno quiere, abandonar por un rato los problemas de terceros y darle prioridad a los propios. Primero uno y después el resto.
En otras oportunidades, hay que serlo para con uno mismo y duele, porque se deben tomar decisiones poniendo en primer lugar al prójimo, sabiendo que para ello renunciará a todo lo necesario para el beneficio de esa persona importante.
Renunciar a la persona amada, es la más terrible de todas las renuncias. La tristeza inunda el alma de una forma inexplicable, e inmediatamente uno piensa “qué sería de mí sin él o ella” y sufre, el corazón parece desgarrarse y un dolor punzante en el estómago aparece, como si un puñal lo atravesara. Pero…y si uno pensara “qué sería de él o ella, sin mi” suena extraño, tan extraño que quizás funciona, porque tal vez esa persona podría salir adelante, podría encontrar aquello que tanto buscaba, o simplemente podría vivir bien.
Uno sufre, es muy difícil renunciar, pero lo es más el tener que olvidar. Dicen que el tiempo todo lo cura, quizás sea cierto, quizás con el tiempo aquello que hicimos valdrá la pena, quizás servirá de algo…pero, ¿y si no llegara a ser así? ¿y si la opción estuvo equivocada? ¿y si lo ideal era otra cosa? Uno nunca sabe si lo que decide hacer es lo correcto, nunca se sabe si será para mejor o empeorará a futuro, si el día de mañana eso que optamos por hacer, cambiara algo en los demás, o en sus vidas. Cada persona actúa de acuerdo a su creencia pero si lo hace desde lo más profundo del alma, entonces, al menos, tendrá un significado.

La vida es una toma constante de decisiones, la mayoría de ellas están erradas y terminan en una caída o un raspón más en el libro de experiencias vividas. Pero el diez por ciento suelen ser decisiones acertadas.

Una oportunidad.

Cuando la vida te golpea duro, te pone pruebas difíciles, te rompe el corazón y te estruja el alma; es necesario ser fuerte, uno debe enfrentarlo todo y ganar cada paso que da. Pero muchas veces, es tan grande el dolor que la fuerza desaparece. Cuando duelen el alma y el corazón, no hay ayuda de Dios que pueda sanarlos; uno puede intentar no decaer, no dejarse atrapar por la tristeza pero es simplemente una coraza, porque por dentro esa angustia invasora va carcomiendo cada vez más.
En oportunidades se puede llegar al punto en que ya nada parece importar, huir se transforma en la manera más sencilla de hacer las cosas pero, las piernas tampoco responden a ese reflejo cobarde. La razón pide a gritos que nadie se deje vencer, pero cuando es justamente el corazón quién está herido, es en vano cualquier tipo de petición. A pesar de todo, uno trata de continuar hacia adelante, de plantarle la otra mejilla al problema, sobreponerse, y cuando parece que el dolor ya casi esta extirpado del alma, algo nuevo vuelve a lastimar. Y el cielo cae a los pies, aplastando cada una de las ilusiones. Porque la vida es esa, uno abre los ojos y ya miles de problemas atacan sin cesar, molestan y abruman, haciendo que cada vez cueste aun mas, volver a estar firme.
Cuando uno ya se siente abatido, cuando todo parece carecer de sentido, cuando todo aparenta estar perdido, cuando no quedan restos y el fondo del océano está a un paso…aparece una oportunidad, aparece algo por lo que luchar, algo que hace que la fuerza renazca, algo que te salva de la agonía oscura, que lo obliga a uno a mantenerse vivo y a no rendirse jamás. Brinda un nuevo objetivo, un nuevo camino y un nuevo destino por el cual pelear, que a su vez, juntos, otorgan una nueva posibilidad de ser feliz, de disfrutar y de vivir. De creer en uno mismo, de triunfar.  Se convertirá el soporte para no tambalear, y si las ganas se esfuman, empujará contra toda voluntad para que, aun así, se siga intentando.

No te aflijas por una derrota porque si aún respiras, significa que puedes lograrlo. Si Dios te ha concedido la vida, fue porque sabía que serias lo suficientemente fuerte para vivirla. 

El tiempo tiene la razón.

La vida pasaba de largo para ella que, sumida en sus pensamientos, prestaba atención a cada persona que pasaba caminando frente a la ventana del bar en donde se encontraba. Sola con su compañía, con sus miedos, sus inseguridades y su historia angustiosa. Sola tal como se sentía, incomprendida y débil.
Miles de preguntas la invadían, tantas que no lograba responder ni una palabra, ni entender ¿Por qué todo era tan injusto? ¿Por qué era ella la que debía sufrir de sobremanera? Se cuestionaba si había sido algo que había hecho o dicho o simplemente mala suerte ¿por qué todo debía ser tan difícil, tan cruel y lastimoso? ¿por qué no lograba encontrar un sitio donde refugiarse? será que era imposible, tal vez, estar bien y en paz ¿Estaba destinada a sufrir? ¿será que era lo que mejor le quedaba? ¿algún día volvería a creer, a ser feliz? como aquella vez que se sintió tan libre.
Escuchaba una música de fondo mientras bebía su café, sola, una música que no decía nada, que la aburría pero la cantaba para salirse de sus pensamientos dolorosos y frustrantes. Estaba frustrada porque sentía que no servía, que era inútil, que era una carga para las personas que quería, sentía culpa y no era capaz de mover un dedo de lugar para cambiarlo todo, estaba devastada…y nadie descubría que se rompía por dentro cada vez más, la juzgaban, la insultaban, la maltrataban y ella mantenía la calma en tanto se le escapaban las fuerzas ¿Cómo recobrarlas? ¿cómo renacer entre tanto dolor? ¿qué hacer para mejorar el alma y el corazón? Se sentía perdida como si estuviera atrapada en un callejón que no tiene salida.
Llevaba un reloj en su muñeca izquierda, que era más de adorno que otra cosa puesto que ni lo miraba porque las horas no significaban nada para ella. Solo más vida perdida.
- Ya tuve el agua hasta el cuello y contra el viento otra vez pude ponerme de pie, porque aprendí que todo siempre llega en su momento, que el fin es el principio de algo nuevo…- 
La radio había cambiado de canción y una voz omnipresente recitaba las palabras más sabias que había escuchado en su corta existencia. Permaneció en silencio, escuchando y analizando cada frase, miraba su reflejo en el vidrio de la ventana y no podía creer en lo que se había convertido.
- No hay forma de escapar cuando la vida pone a prueba, contra la pared nos hace ver que hay una solución...-
Si los golpes contra la pared hubieran sido reales, tendría severas lastimaduras porque se había chocado tantas veces y repetido el mismo choque otras tantas, que se sorprendía de su habilidad para cometer errores. Necesitaba una solución, necesitaba volver a creer, a confiar e intentar.
- Sé lo que doy, quién soy y a dónde voy y el miedo que golpeó ya no duele. En cada paso aprendo una lección y aunque me rompa en dolor, se lo que quiero hoy, te pedí ser mejor…-
Una sonrisa nostálgica se escapó de su boca y un suspiro de rendición se hizo audible solo para ella. Estaba entregada al dolor, al sufrimiento y a la soledad, entregada a la oscuridad, a las noches de insomnio y a los despertares en llanto. Estaba resignada a una nueva oportunidad, estaba peleada con el mundo, con su familia y con el amor.
Pero aun así, muy dentro de ella todavía recordaba lo que había sido, quedaba una estela profunda de aquello que en algún momento le había hecho bien, la había reconfortado, la había hecho sonreír. Ella sabía quién era, lo sabía muy bien porque debajo de todos esos escombros que eran su vida, su alma y su corazón, lo sentía latente. Sabía lo que daba, que entregaba su espíritu por amor, que entregaba cada fibra de su ser, cada gota de sangre, lo sabía; y aunque estaba perdida y su camino un poco borroso, también sabía lo que quería y dónde iba.
El miedo es un gran usurpador, un gran intruso que solo distorsiona la imagen proyectada, los sentimientos y la mente. Es un gran mentiroso que hace creer que resguarda el ser integro, que lo aísla de los errores y del sufrimiento, cuando en realidad va aniquilando desde adentro y para siempre. Ella ya no quería dejarse dominar por él, ya no lo quería en su vida y en sus pasos. Y estaba segura.
- Toca ponerse de pie...-
Alzó su cabeza y su mirada dejo de enfocar la nada, cerró sus manos en dos puños y con un nudo en el estómago se levantó de la silla en la que estaba. Dispuesta a continuar, dispuesta a encontrarse consigo misma otra vez, dispuesta a renacer. Ya no sentía miedo, sentía ansiedad, curiosidad y una extraña fuerza interior que la impulsaba a moverse. Ya no volverá a verse así, no volvería a caer en la desdicha espantosa y humillante en la que estaba. Ella volvería a la guerra y ganaría.
- El tiempo tiene la razón…-

sábado, 24 de octubre de 2015

A veces, detenerse significa avanzar.

Esto es algo que he aprendido en este último tiempo, "a veces, detenerse significa avanzar" es un poco contradictorio, lo sé pero piensen lo siguiente:
El instinto del ser vivo es continuar, es dar un paso tras otro, dejando cada vez más huellas en el camino. Tal vez, tenga que ver la costumbre, la inercia, la rutina o vaya uno a saber. Generalmente, una persona mayor se levanta en las mañanas y concurre al trabajo, los estudiantes al colegio o a la universidad, algunas madres se encargan de sus hijos, de la casa; en fin, cada quién tiene sus responsabilidades y como personas responsables, tienen el deber de ocuparse de aquello que les corresponde. Es excelente, porque eso traerá frutos en la vida productiva del ser humano y, porque si estuviesen aplastados en un sillón, sería un desperdicio que puedan respirar.
Ahora bien, si nos enfocamos en todo ello, en el esfuerzo descomunal que hace un alumno para aprobar un examen final de la carrera que eligió, o que hace un trabajador para tener un aumento, o un ascenso… es terrible. Es terrible porque la ambición del ser humano es tan grande, que se olvida de todo aquello que es verdaderamente importante, y cuando cree que pasando horas y horas enfocado en eso que tanto se empeña por lograr, que va a conseguir el triunfo, está descuidando una parte de su alma.
La gente tiene por costumbre, darle más atención a las cosas materiales y superficiales, que a aquello que viene desde adentro de uno, que a aquello que le reclama el corazón y siente en lo profundo del pecho.
¿Qué pasaría si equis persona se encierra a estudiar durante un mes entero, sin hablar con nadie, sin darle importancia a nada? Y de repente, su caballo se queda ciego en ese momento… y no tiene “tiempo” de poder estar a su lado por esa responsabilidad estúpida de rendir un examen. Como me paso, desgraciadamente.
Fue en ese preciso instante, donde comprendí que estaba vacía, donde me di cuenta que mi alma se había resquebrajado en mil pedazos y todo lo que yo era, de pronto, se había esfumado. Había dejado de sentir, de disfrutar ¿por qué? Porque solo quería avanzar, ¿y hasta dónde avance? Hasta ningún sitio, solo retrocedí. Entonces abandone todo, desaprobé y no me importó, me sentí mal lo admito pero mi caballo me necesitaba.
Me detuve, y comencé a mirar a mi alrededor, a recordar todo aquello que había vivido y había sido, comencé poco a poco a sentir otra vez esa calidez que hacía mucho no sentía; comencé a disfrutar de las pequeñas cosas otra vez, de los mates con mi mamá por la tarde, de mi perro, de mi familia, de los días, y de mi misma. Pero sobre todo, volví a nacer cuando tuve que ser los ojos de mi caballo ciego y volví a creer en mí, cuando él sin ver hacia donde iba y sin confiar en sus propios pasos, confió en los míos y en mi guía. Entonces, me pregunté ¿cómo puede ser, que si yo lo dejé de lado tanto tiempo, él todavía me siga eligiendo? Y la respuesta llegó a mí, con un relincho maravilloso… porque él sabía que era lo mejor de mí.
Gracias a toda esa experiencia, pude avanzar a pasos agigantados y superar tantos problemas que tenía arraigados en el alma. Me deje ayudar por mi familia y me deje inundar el corazón por mis caballos, una vez más. Y me salvaron, todos.

Deténganse en el camino a observar aquello que pasaron, miren hacia atrás para no cometer los mismos errores y para recordar de lo que son capaces, para recordar aquello que son y de donde vienen. Deténganse y sientan, sientan todo y así, avanzaran hasta la cima del mundo. 

Un lugar.


Y la vida pasaba de largo frente a sus ojos, sus ojos tan celestes como el mismísimo cielo pero tan vacíos que daba miedo.
Lo vi por primera vez sentado esperando un tren; su cabello algo rubio se movía con el viento, su mirada estaba fija en sus rodillas, como si estas fueran a darle algún tipo de respuesta; con las manos agarraba su cabeza, expresaba tanta frustración que me parecía aun más intrigante; tenía un pequeño bolso negro junto a su pie derecho, supuse que iría a alguna parte. Me senté a su lado en silencio, me crucé de piernas y cantaba bajo. Él no se movía.
- Lindo día hoy, ¿no crees?- pregunté, para ser honesta llovía torrencialmente más el muchacho no respondió. – Voy a Londres, ¿tú a dónde? – volví a preguntar, sentía curiosidad por saber el secreto que escondía dentro.
- No lo sé.- contestó finalmente, su voz estaba entrecortada y sonaba triste. Lo miré de reojo y comprobé que seguía en la misma posición, como lo había imaginado.
- ¿No lo sabes? Pues, puedes mirar tu boleto, debe decir el destino.- le aconseje, me resultaba extraño.
Comenzó a hurgar en uno de los bolsillos exteriores del pequeño bolso y saco de allí unos cuantos pasajes. Me asombré.
- ¿Cuál de todos ellos crees que diga mi destino? – cuestionó mirándome, tal como había mencionado, sus ojos eran celestes intensos, tan intensos que creí perder la noción durante un instante. - ¿Y bien? – insistió, sacándome del trance que me produjo su mirada. Aun así no supe que contestarle, ¿por qué tenia tantos? – No esperaba que me lo dijeras, ni siquiera yo puedo hacerlo. – finalizó dejándolos a un costado.
Tomé los boletos, Bradford, Bournemouth, Surrey, Manchester, Londres y Liverpool; ¿a qué se debían tantos lugares?
- ¿Por qué? – dije simplemente, era lo que me interesaba saber.
- Porque no lo sé.- expresó, mi mente se colmó de preguntas.
- ¿Qué no sabes?, explícamelo. – le ordené, no quería sonar una chusma pero me llamaba la atención.
- No sé a donde ir, ninguno de estos boletos dice mi destino, ninguno de estos lugares dicen que debo hacer, ni siquiera Cheshire. No encuentro la respuesta que deseo obtener. – comentó cansado.
- ¿Cuál es? – quise averiguar. Su mirada se clavo en la mía otra vez.
- ¿A dónde pertenezco? – Soltó sin pelos en la lengua, con tanto sentimiento que me sentí pequeñita a su lado, tanta frustración, tanto dolor y tanto desconcierto que hizo que mi piel se erizara.- ¿Cuál es mi lugar en el mundo?- continuó.
En ese momento comprendí todo.
- ¿Quién eres?- lo interrogué.
-  Logan, mi nombre es Logan. ¿Tu?- inquirió.
- Logan, soy Amy.- estrechamos nuestras manos y levemente sus labios formaron una sonrisa hacia un costado. Correspondí.- Bien, ¿esperas acaso que un par de papeles con letras te marquen tu camino?, ¿esperas que alguien más lo haga por ti? Sabes, Logan, me dirijo a Londres porque simplemente siento que Cheshire ya no es mi sitio, mi lugar. Para ser honesta, no espero que vaya a irme de las mil maravillas allí, ni tampoco tengo noción de que podré encontrar pero, sin embargo, me atrevo. ¿Sabes por qué?.- pregunte y el negó con su cabeza.
- No.- contestó- ¿Por qué?
- Porque nada puede ser peor que quedarme estancada por miedo a lo que pueda venir, nada puede ser peor que ser eternamente infeliz y sentirme sola. No tengo idea de si esto será bueno, si allí encontraré lo que busco pero vale toda la pena del mundo arriesgarlo todo. – finalicé soltando todo el aire de mis pulmones en un suspiro del alma.
Me miraba asombrado y fruncía el ceño. Cada palabra era cierta, cada coma y punto que marqué fueron reales, no había nada más que recuerdos que me ataban a éste condado. ¿Mi familia? Siempre contaré con ellos, son mi fuerza pero es hora de que comience a buscar mi propia fortaleza y no aquella que venga de los demás, ¿saben? Ser fuerte por mí y para mí, a eso me refiero.
Hay oportunidades en las que uno debe tomar decisiones sin pensar en el que vendrá, o que dejará a medio andar; hay que aceptar que en la vida el camino es solo de uno y no se comparte, puedes transitarlo acompañado pero cada quien en su propia calle.
Hay que seguir sin esperar, haciendo lo que dicta el sentimiento, el buen sentimiento pero hay veces en que todo debe ser echado a la suerte. Como he dicho siempre, la vida es un noventa por cierto de suerte y un diez por ciento de inteligencia, porque si eres tocado por el ala de un ángel debes ser lo suficientemente sabio para saber aprovecharlo.
- ¿Qué es lo que buscas?- quiso saber Logan.
- Encontrarme a mi misma y ser feliz conmigo. – respondí tan segura de mis palabras que se me heló la sangre.
-  ¿Crees que lo lograras? – inquirió curioso.
- Hay quienes nunca lo hacen y pasan el resto de sus días en una agonía constante, de eso se trata, luchar desde lo más profundo de nuestro ser para llegar. Tal vez no llegue jamás, pero sabré que lo di todo por ello. – Algunos dicen que la felicidad no se busca, viene sola aunque yo no creo en esa idea porque si uno no la busca ni le da motivos para que se presente en nosotros, no lo hará.
Lo miré a los ojos y vi un destello de esperanza que me llenó de pies a cabeza, asintió con su cabeza y me sonrió abiertamente. – Tú tienes que hacer al lugar, tu lugar y ten por sabido que nada será fácil y si lo parece entonces no lo vale. – dije. El tren a mi nuevo destino se acercaba al anden donde unas cuantas personas más habían llegado, no sé en que momento, pues estaba perdida en mis pensamientos que no lo noté, entonces lo vi tomar su bolso y pararse.
- Allí viene tu tren, Amy, espero tengas un buen viaje y encuentres todo aquello que tanto anhelas. Yo volveré a casa, pues estoy cansado de ir de aquí para allá buscando lo mismo que tu y siempre regreso a esta estación, porque simplemente no puedo alejarme de aquí. Puedes cambiar mil veces, puedes soñar mil y un sueños, puedes irte y volver luego pero siempre hallarás el camino a casa. Mi casa, mi humilde casa de campo es mi lugar.-

Estrechamos nuestras manos de manera amistosa, hubiera querido saber mas de aquel muchacho de ojos azules como el cielo, hipnotizantes y bellos, pero entendí que nuestros caminos estaban separados. Él buscaba paz, buscaba su espacio; yo me buscaba a mí y a mis sueños.