Y la vida pasaba de largo frente a sus ojos,
sus ojos tan celestes como el mismísimo cielo pero tan vacíos que daba miedo.
Lo vi por primera vez sentado esperando un
tren; su cabello algo rubio se movía con el viento, su mirada estaba fija en sus
rodillas, como si estas fueran a darle algún tipo de respuesta; con las manos
agarraba su cabeza, expresaba tanta frustración que me parecía aun más
intrigante; tenía un pequeño bolso negro junto a su pie derecho, supuse que
iría a alguna parte. Me senté a su lado en silencio, me crucé de piernas y
cantaba bajo. Él no se movía.
- Lindo día hoy, ¿no crees?- pregunté, para
ser honesta llovía torrencialmente más el muchacho no respondió. – Voy a
Londres, ¿tú a dónde? – volví a preguntar, sentía curiosidad por saber el
secreto que escondía dentro.
- No lo sé.- contestó finalmente, su voz
estaba entrecortada y sonaba triste. Lo miré de reojo y comprobé que seguía en
la misma posición, como lo había imaginado.
- ¿No lo sabes? Pues, puedes mirar tu boleto,
debe decir el destino.- le aconseje, me resultaba extraño.
Comenzó a hurgar en uno de los bolsillos
exteriores del pequeño bolso y saco de allí unos cuantos pasajes. Me asombré.
- ¿Cuál de todos ellos crees que diga mi
destino? – cuestionó mirándome, tal como había mencionado, sus ojos eran
celestes intensos, tan intensos que creí perder la noción durante un instante.
- ¿Y bien? – insistió, sacándome del trance que me produjo su mirada. Aun así
no supe que contestarle, ¿por qué tenia tantos? – No esperaba que me lo
dijeras, ni siquiera yo puedo hacerlo. – finalizó dejándolos a un costado.
Tomé los boletos,
Bradford, Bournemouth, Surrey, Manchester, Londres y Liverpool; ¿a qué se debían
tantos lugares?
- ¿Por qué? – dije
simplemente, era lo que me interesaba saber.
- Porque no lo sé.-
expresó, mi mente se colmó de preguntas.
- ¿Qué no sabes?, explícamelo.
– le ordené, no quería sonar una chusma pero me llamaba la atención.
- No sé a donde ir,
ninguno de estos boletos dice mi destino, ninguno de estos lugares dicen que
debo hacer, ni siquiera Cheshire. No encuentro la respuesta que deseo obtener.
– comentó cansado.
- ¿Cuál es? – quise
averiguar. Su mirada se clavo en la mía otra vez.
- ¿A dónde
pertenezco? – Soltó sin pelos en la lengua, con tanto sentimiento que me sentí
pequeñita a su lado, tanta frustración, tanto dolor y tanto desconcierto que
hizo que mi piel se erizara.- ¿Cuál es mi lugar en el mundo?- continuó.
En ese momento
comprendí todo.
-
¿Quién eres?- lo interrogué.
- Logan, mi nombre es Logan. ¿Tu?- inquirió.
-
Logan, soy Amy.- estrechamos nuestras manos y levemente sus labios formaron una
sonrisa hacia un costado. Correspondí.- Bien, ¿esperas acaso que un par de
papeles con letras te marquen tu camino?, ¿esperas que alguien más lo haga por
ti? Sabes, Logan, me dirijo a Londres porque simplemente siento que Cheshire ya
no es mi sitio, mi lugar. Para ser honesta, no espero que vaya a irme de las
mil maravillas allí, ni tampoco tengo noción de que podré encontrar pero, sin
embargo, me atrevo. ¿Sabes por qué?.- pregunte y el negó con su cabeza.
-
No.- contestó- ¿Por qué?
-
Porque nada puede ser peor que quedarme estancada por miedo a lo que pueda
venir, nada puede ser peor que ser eternamente infeliz y sentirme sola. No
tengo idea de si esto será bueno, si allí encontraré lo que busco pero vale
toda la pena del mundo arriesgarlo todo. – finalicé soltando todo el aire de
mis pulmones en un suspiro del alma.
Me
miraba asombrado y fruncía el ceño. Cada palabra era cierta, cada coma y punto
que marqué fueron reales, no había nada más que recuerdos que me ataban a éste
condado. ¿Mi familia? Siempre contaré con ellos, son mi fuerza pero es hora de
que comience a buscar mi propia fortaleza y no aquella que venga de los demás,
¿saben? Ser fuerte por mí y para mí, a eso me refiero.
Hay
oportunidades en las que uno debe tomar decisiones sin pensar en el que vendrá,
o que dejará a medio andar; hay que aceptar que en la vida el camino es solo de
uno y no se comparte, puedes transitarlo acompañado pero cada quien en su
propia calle.
Hay
que seguir sin esperar, haciendo lo que dicta el sentimiento, el buen
sentimiento pero hay veces en que todo debe ser echado a la suerte. Como he
dicho siempre, la vida es un noventa por cierto de suerte y un diez por ciento
de inteligencia, porque si eres tocado por el ala de un ángel debes ser lo
suficientemente sabio para saber aprovecharlo.
-
¿Qué es lo que buscas?- quiso saber Logan.
-
Encontrarme a mi misma y ser feliz conmigo. – respondí tan segura de mis
palabras que se me heló la sangre.
- ¿Crees que lo lograras? – inquirió curioso.
-
Hay quienes nunca lo hacen y pasan el resto de sus días en una agonía
constante, de eso se trata, luchar desde lo más profundo de nuestro ser para
llegar. Tal vez no llegue jamás, pero sabré que lo di todo por ello. – Algunos
dicen que la felicidad no se busca, viene sola aunque yo no creo en esa idea
porque si uno no la busca ni le da motivos para que se presente en nosotros, no
lo hará.
Lo
miré a los ojos y vi un destello de esperanza que me llenó de pies a cabeza,
asintió con su cabeza y me sonrió abiertamente. – Tú tienes que hacer al lugar,
tu lugar y ten por sabido que nada será fácil y si lo parece entonces no lo
vale. – dije. El tren a mi nuevo destino se acercaba al anden donde unas cuantas
personas más habían llegado, no sé en que momento, pues estaba perdida en mis
pensamientos que no lo noté, entonces lo vi tomar su bolso y pararse.
- Allí
viene tu tren, Amy, espero tengas un buen viaje y encuentres todo aquello que
tanto anhelas. Yo volveré a casa, pues estoy cansado de ir de aquí para allá
buscando lo mismo que tu y siempre regreso a esta estación, porque simplemente
no puedo alejarme de aquí. Puedes cambiar mil veces, puedes soñar mil y un
sueños, puedes irte y volver luego pero siempre hallarás el camino a casa. Mi
casa, mi humilde casa de campo es mi lugar.-
Estrechamos
nuestras manos de manera amistosa, hubiera querido saber mas de aquel muchacho
de ojos azules como el cielo, hipnotizantes y bellos, pero entendí que nuestros
caminos estaban separados. Él buscaba paz, buscaba su espacio; yo me buscaba a
mí y a mis sueños.