domingo, 25 de octubre de 2015

El tiempo tiene la razón.

La vida pasaba de largo para ella que, sumida en sus pensamientos, prestaba atención a cada persona que pasaba caminando frente a la ventana del bar en donde se encontraba. Sola con su compañía, con sus miedos, sus inseguridades y su historia angustiosa. Sola tal como se sentía, incomprendida y débil.
Miles de preguntas la invadían, tantas que no lograba responder ni una palabra, ni entender ¿Por qué todo era tan injusto? ¿Por qué era ella la que debía sufrir de sobremanera? Se cuestionaba si había sido algo que había hecho o dicho o simplemente mala suerte ¿por qué todo debía ser tan difícil, tan cruel y lastimoso? ¿por qué no lograba encontrar un sitio donde refugiarse? será que era imposible, tal vez, estar bien y en paz ¿Estaba destinada a sufrir? ¿será que era lo que mejor le quedaba? ¿algún día volvería a creer, a ser feliz? como aquella vez que se sintió tan libre.
Escuchaba una música de fondo mientras bebía su café, sola, una música que no decía nada, que la aburría pero la cantaba para salirse de sus pensamientos dolorosos y frustrantes. Estaba frustrada porque sentía que no servía, que era inútil, que era una carga para las personas que quería, sentía culpa y no era capaz de mover un dedo de lugar para cambiarlo todo, estaba devastada…y nadie descubría que se rompía por dentro cada vez más, la juzgaban, la insultaban, la maltrataban y ella mantenía la calma en tanto se le escapaban las fuerzas ¿Cómo recobrarlas? ¿cómo renacer entre tanto dolor? ¿qué hacer para mejorar el alma y el corazón? Se sentía perdida como si estuviera atrapada en un callejón que no tiene salida.
Llevaba un reloj en su muñeca izquierda, que era más de adorno que otra cosa puesto que ni lo miraba porque las horas no significaban nada para ella. Solo más vida perdida.
- Ya tuve el agua hasta el cuello y contra el viento otra vez pude ponerme de pie, porque aprendí que todo siempre llega en su momento, que el fin es el principio de algo nuevo…- 
La radio había cambiado de canción y una voz omnipresente recitaba las palabras más sabias que había escuchado en su corta existencia. Permaneció en silencio, escuchando y analizando cada frase, miraba su reflejo en el vidrio de la ventana y no podía creer en lo que se había convertido.
- No hay forma de escapar cuando la vida pone a prueba, contra la pared nos hace ver que hay una solución...-
Si los golpes contra la pared hubieran sido reales, tendría severas lastimaduras porque se había chocado tantas veces y repetido el mismo choque otras tantas, que se sorprendía de su habilidad para cometer errores. Necesitaba una solución, necesitaba volver a creer, a confiar e intentar.
- Sé lo que doy, quién soy y a dónde voy y el miedo que golpeó ya no duele. En cada paso aprendo una lección y aunque me rompa en dolor, se lo que quiero hoy, te pedí ser mejor…-
Una sonrisa nostálgica se escapó de su boca y un suspiro de rendición se hizo audible solo para ella. Estaba entregada al dolor, al sufrimiento y a la soledad, entregada a la oscuridad, a las noches de insomnio y a los despertares en llanto. Estaba resignada a una nueva oportunidad, estaba peleada con el mundo, con su familia y con el amor.
Pero aun así, muy dentro de ella todavía recordaba lo que había sido, quedaba una estela profunda de aquello que en algún momento le había hecho bien, la había reconfortado, la había hecho sonreír. Ella sabía quién era, lo sabía muy bien porque debajo de todos esos escombros que eran su vida, su alma y su corazón, lo sentía latente. Sabía lo que daba, que entregaba su espíritu por amor, que entregaba cada fibra de su ser, cada gota de sangre, lo sabía; y aunque estaba perdida y su camino un poco borroso, también sabía lo que quería y dónde iba.
El miedo es un gran usurpador, un gran intruso que solo distorsiona la imagen proyectada, los sentimientos y la mente. Es un gran mentiroso que hace creer que resguarda el ser integro, que lo aísla de los errores y del sufrimiento, cuando en realidad va aniquilando desde adentro y para siempre. Ella ya no quería dejarse dominar por él, ya no lo quería en su vida y en sus pasos. Y estaba segura.
- Toca ponerse de pie...-
Alzó su cabeza y su mirada dejo de enfocar la nada, cerró sus manos en dos puños y con un nudo en el estómago se levantó de la silla en la que estaba. Dispuesta a continuar, dispuesta a encontrarse consigo misma otra vez, dispuesta a renacer. Ya no sentía miedo, sentía ansiedad, curiosidad y una extraña fuerza interior que la impulsaba a moverse. Ya no volverá a verse así, no volvería a caer en la desdicha espantosa y humillante en la que estaba. Ella volvería a la guerra y ganaría.
- El tiempo tiene la razón…-

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