Esto es algo que he aprendido en este último
tiempo, "a veces, detenerse significa avanzar" es un poco
contradictorio, lo sé pero piensen lo siguiente:
El instinto del ser vivo es continuar, es dar
un paso tras otro, dejando cada vez más huellas en el camino. Tal vez, tenga
que ver la costumbre, la inercia, la rutina o vaya uno a saber. Generalmente,
una persona mayor se levanta en las mañanas y concurre al trabajo, los
estudiantes al colegio o a la universidad, algunas madres se encargan de sus
hijos, de la casa; en fin, cada quién tiene sus responsabilidades y como
personas responsables, tienen el deber de ocuparse de aquello que les
corresponde. Es excelente, porque eso traerá frutos en la vida productiva del
ser humano y, porque si estuviesen aplastados en un sillón, sería un
desperdicio que puedan respirar.
Ahora bien, si nos enfocamos en todo ello, en
el esfuerzo descomunal que hace un alumno para aprobar un examen final de la
carrera que eligió, o que hace un trabajador para tener un aumento, o un
ascenso… es terrible. Es terrible porque la ambición del ser humano es tan
grande, que se olvida de todo aquello que es verdaderamente importante, y
cuando cree que pasando horas y horas enfocado en eso que tanto se empeña por
lograr, que va a conseguir el triunfo, está descuidando una parte de su alma.
La gente tiene por costumbre, darle más
atención a las cosas materiales y superficiales, que a aquello que viene desde
adentro de uno, que a aquello que le reclama el corazón y siente en lo profundo
del pecho.
¿Qué pasaría si equis persona se encierra a
estudiar durante un mes entero, sin hablar con nadie, sin darle importancia a
nada? Y de repente, su caballo se queda ciego en ese momento… y no tiene
“tiempo” de poder estar a su lado por esa responsabilidad estúpida de rendir un
examen. Como me paso, desgraciadamente.
Fue en ese preciso instante, donde comprendí
que estaba vacía, donde me di cuenta que mi alma se había resquebrajado en mil
pedazos y todo lo que yo era, de pronto, se había esfumado. Había dejado de
sentir, de disfrutar ¿por qué? Porque solo quería avanzar, ¿y hasta dónde
avance? Hasta ningún sitio, solo retrocedí. Entonces abandone todo, desaprobé y
no me importó, me sentí mal lo admito pero mi caballo me necesitaba.
Me detuve, y comencé a mirar a mi alrededor, a
recordar todo aquello que había vivido y había sido, comencé poco a poco a
sentir otra vez esa calidez que hacía mucho no sentía; comencé a disfrutar de
las pequeñas cosas otra vez, de los mates con mi mamá por la tarde, de mi
perro, de mi familia, de los días, y de mi misma. Pero sobre todo, volví a
nacer cuando tuve que ser los ojos de mi caballo ciego y volví a creer en mí,
cuando él sin ver hacia donde iba y sin confiar en sus propios pasos, confió en
los míos y en mi guía. Entonces, me pregunté ¿cómo puede ser, que si yo lo dejé
de lado tanto tiempo, él todavía me siga eligiendo? Y la respuesta llegó a mí,
con un relincho maravilloso… porque él sabía que era lo mejor de mí.
Gracias a toda esa experiencia, pude avanzar a
pasos agigantados y superar tantos problemas que tenía arraigados en el alma.
Me deje ayudar por mi familia y me deje inundar el corazón por mis caballos,
una vez más. Y me salvaron, todos.
Deténganse en el camino a observar aquello que
pasaron, miren hacia atrás para no cometer los mismos errores y para recordar
de lo que son capaces, para recordar aquello que son y de donde vienen.
Deténganse y sientan, sientan todo y así, avanzaran hasta la cima del mundo.
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