En oportunidades se puede llegar al punto en que ya nada parece importar, huir se transforma en la manera más sencilla de hacer las cosas pero, las piernas tampoco responden a ese reflejo cobarde. La razón pide a gritos que nadie se deje vencer, pero cuando es justamente el corazón quién está herido, es en vano cualquier tipo de petición. A pesar de todo, uno trata de continuar hacia adelante, de plantarle la otra mejilla al problema, sobreponerse, y cuando parece que el dolor ya casi esta extirpado del alma, algo nuevo vuelve a lastimar. Y el cielo cae a los pies, aplastando cada una de las ilusiones. Porque la vida es esa, uno abre los ojos y ya miles de problemas atacan sin cesar, molestan y abruman, haciendo que cada vez cueste aun mas, volver a estar firme.
Cuando uno ya se siente abatido, cuando todo parece carecer de sentido, cuando todo aparenta estar perdido, cuando no quedan restos y el fondo del océano está a un paso…aparece una oportunidad, aparece algo por lo que luchar, algo que hace que la fuerza renazca, algo que te salva de la agonía oscura, que lo obliga a uno a mantenerse vivo y a no rendirse jamás. Brinda un nuevo objetivo, un nuevo camino y un nuevo destino por el cual pelear, que a su vez, juntos, otorgan una nueva posibilidad de ser feliz, de disfrutar y de vivir. De creer en uno mismo, de triunfar. Se convertirá el soporte para no tambalear, y si las ganas se esfuman, empujará contra toda voluntad para que, aun así, se siga intentando.
No te aflijas por una derrota porque si aún respiras, significa que puedes lograrlo. Si Dios te ha concedido la vida, fue porque sabía que serias lo suficientemente fuerte para vivirla.
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